“Dialéctica del iluminismo” (1944) d’Adorno i Horkheimer

per Pau Alsina

Aquí es pot descarregar el llibre “Dialéctica del iluminismo” d’ Adorno i Horkheimer (també traduït per “Dialéctica de la ilustración”). Aquest és un text bàsic per entendre el seu pensament, on en la introducció diuen:

El iluminismo, en el sentido más amplio de pensamiento en continuo
progreso, ha perseguido siempre el objetivo de quitar el miedo a los
hombres y de convertirlos en amos. Pero la tierra enteramente iluminada
resplandece bajo el signo de una triunfal desventura. El programa del
iluminismo consistía en liberar al mundo de la magia. Se proponía,
mediante la ciencia, disolver los mitos y confutar la imaginación: Bacon, “el
padre de la filosofía experimental”,1 recoge ya los diversos temas.
Desprecia a los partidarios de la tradición, quienes “primero creen

que otros saben lo que ellos no saben; luego suponen saber ellos mismos lo que
ellos no saben. La credulidad, la aversión respecto a la duda, la
precipitación en las respuestas, la pedantería cultural, el temor a
contradecir, la indolencia en las investigaciones personales, el fetichismo
verbal, la tendencia a detenerse en los conocimientos parciales: todo esto
y otras cosas más han impedido las felices bodas del intelecto humano
con la naturaleza de las cosas, para hacer que se ayuntase en cambio
con conceptos vanos y experimentos desordenados. Es fácil imaginar los
frutos y la descendencia de una unión tan gloriosa. La imprenta, invención
grosera; el cañón, que estaba ya en el aire; la brújula, conocida ya en
cierta medida antes: ¡qué cambios no han aportado, la una al estado de
la ciencia, el otro al de la guerra, la tercera al de las finanzas, el comercio
y la navegación! Y hemos dado con estas invenciones, repito, casi por
casualidad. La superioridad del hombre reside en el saber, no hay ninguna
duda respecto a ello. En el saber se hallan reunidas muchas cosas que los
reyes con todos sus tesoros no pueden comprar, sobre las cuales su
autoridad no pesa, de las que sus informantes no pueden darles noticias y
hacia cuyas tierras de origen sus navegantes y descubridores no pueden
enderezar el curso. Hoy dominamos la naturaleza sólo en nuestra opinión, y
nos hallamos sometidos a su necesidad; pero si nos dejásemos guiar por
ella en la invención, podríamos ser sus amos en la práctica”

Bien que ajeno a las matemáticas, Bacon ha sabido descubrir con
exactitud el animus de la ciencia sucesiva. El feliz connubio en que piensa,
entre el intelecto humano y la naturaleza de las cosas, es de tipo
patriarcal: el intelecto que vence a la superstición debe ser el amo de la
naturaleza desencantada. El saber, que es poder, no conoce límites, ni en
la esclavización de las criaturas ni en su fácil aquiescencia a los señores del
mundo. Se halla a disposición tanto de todos los fines de la economía
burguesa, en la fábrica y en el campo de batalla, como de todos los que
quieran manipularlo, sin distinción  de sus orígenes. Los reyes no disponen
de la técnica más directamente que lo que hacen los mercaderes: la
técnica es democrática como el sistema económico en que se desarrolla.
La técnica es la esencia de tal saber. Dicho saber no tiende -sea en
Oriente como en Occidente- a los conceptos y a las imágenes, a la
felicidad del conocimiento, sino al método, a la explotación del trabajo, al
capital privado o estatal. Todos los descubrimientos que aun promete
según Bacon son a su vez instrumentos: la radio como imprenta sublimada,
el avión de caza como artillería más eficaz, el proyectil guiado a distancia
como brújula más segura. Lo que los hombres quieren aprender de la
naturaleza es la forma de utilizarla para lograr el dominio integral de

la naturaleza y de los hombres. Ninguna otra cosa cuenta. Sin miramientos
hacia sí mismo, el iluminismo ha quemado hasta el último resto de su propia
autoconciencia. Sólo el pensamiento que se hace violencia a sí mismo es
lo suficientemente duro para traspasar los mitos. frente al actual triunfo del
“sentido de los hechos”, incluso el credo nominalista de Bacon resultaría
sospechoso de metafísica y caería bajo la acusación de vanidad que él
mismo formuló contra la escolástica. Poder y conocer son sinónimos.3 La
estéril felicidad de conocer es lasciva tanto para Bacon como para Lutero.
Lo que importa no es la satisfacción que los hombres llaman verdad, sino la
operation, el procedimiento eficaz; “el verdadero fin y tarea de la ciencia”
reside no en “discursos plausibles, edificantes, dignos o llenos de efecto, o
en supuestos argumentos evidentes, sino en el empeño y en el trabajo, y en
el descubrimiento de detalles antes desconocidos para un mejor
equipamiento y ayuda en la vida”.

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